Qué bonito es ir al médico, oye

 

 Toca médico. Horror. No me pasa nada, es una revisión rutinaria, pero me desagrada ir porque pierdo mucho de mi valioso tiempo y por lo general, no me siento cómoda. Y sí, de nuevo, la historia se repite.

11.50 de la mañana. Llego doce minutos antes de mi cita con el ecógrafo y eso a pesar de haber dado vueltas y vueltas para aparcar el coche. Como la cita es en Carabanchel y no en Villaverde donde vivo, y como ir en transporte público me supondría hora y media de ida y hora y media de vuelta, y unos seis euros de gasto en billetes (yo no tengo abono), llevo el coche para tratar de salvar algo de mañana y llegar a tiempo al trabajo. Bien, consigo aparcar en un Lidl cercano porque el centro de salud no tiene un aparcamiento como tal para los pacientes, sino un escaso espacio alrededor del edificio donde se agolpan los coches invadiendo aceras y esquinas.

Subo tranquila y contenta porque llego bien de hora. Ya tengo claro que a la hora de la cita no entro ni de coña. En fin, llego,me siento y espero. Solo hay una pareja y una señora mayor. Al rato sale la que debe ser la enfermera. Me levanto para entregarla el volante y con un gesto con la mano me dice que me siente y verbalmente que prepare los papeles que enseguida me los pide. Bien. Soy disciplinada. Me siento y espero con mis papeles en la mano.

Son las 12. Llaman a una de las señoras, la que estaba acompañada de su marido. Yo sigo con mis papeles en la mano. Pregunto al señor que se queda esperando a su esposa  a qué hora están citados. Me dice que a las 11.45. Bueno, pienso, yo debo ser la siguiente entonces. A ver si la enfermera me recoge de una dichosa vez los papeles.

Al rato sale ella. La enfermera.Me vuelvo a levantar con los papeles en la mano. Me vuelve a decir que espere. Coño, pero si eso hago, esperar. Todo el rato.

Son las 12.15. Sale la señora que estaba citada a menos cuarto. Se cierra tras ella la puerta. En este rato han llegado más señoras que esperan como yo una oportunidad. Conseguir entregar los volantes a la enfermera. Sólo queremos eso. Y pasar de una puñetera vez, claro, que tenemos que ir a trabajar y hacer cosas en la vida.

Me vuelvo a la señora que estaba sentada cuando yo llegué.

-¿Usted a qué hora está citada?-investigo.

-A las 12.15- contesta.

Ah, osea que yo voy antes,averiguo. Porque como la enfermera no me coge los papeles ni para atrás, no sabemos ni cuándo vamos, ni lo que falta, ni nada.

Sale de nuevo la enfermera. Esta es la mía, pienso. Error. Esta vez sale con un bolso que al parecer se ha dejado olvidado la paciente anterior y va en su busca. Sigo con los papeles en la mano como una gilipollas.

Seguimos esperando. Son las 12.25. Se vuelve a abrir la puerta y vuelve a aparecer esta señora que será una santa pero que es una desorganizada en su trabajo.Como estoy harta de levantarme y sentarme como un muñequito a pilas, espero a ver qué narices quiere esta vez. Y ahora sí, ahora nos pide los volantes a todas. Porque ya somos muchas. El trabajo se le ha ido acumulando, claro.

Y así, con todas pendientes de ella y cansadas de perder el tiempo, la enfermera empieza a hablar por esa boca…

-A ver …¿han tenido todas hijos,no? Pregunta así, en voz alta, como si estuviera pidiendo la hora…

Todas asentimos menos una señora, al fondo, que confesó que no. Nos volvemos todas a mirarla. Y de repente pienso, vaya no tiene hijos y eso que ya tiene edad…Pero, ¡vamos a ver! A mi qué más me da si tiene hijos o no esta señora. ¿¿ Pero esta enfermera por qué pregunta estas cosas a grito pelado ??? Pues había más. Ni corta ni perezosa le sigue cuestionando…

-Pero habrá tenido relaciones…

Yo miro a la enfermera con los ojos como platos. Pero vamos a ver…y luego la miro a ella, y todas las demás también…a ver qué dice.

-Sí,sí- contesta.

Pues claro, señora.Que ya tiene una edad, cómo no iba a haber mantenido a estas alturas relaciones. Pero vamos, que a ninguna nos tenía que importar eso,  y que todas mereceríamos que esas preguntas se nos hicieran en la intimidad, o al menos con discreción. Esta enfermera es que además de organizada tiene un tacto…

Venga, que son las  12.30 y voy a conseguir entrar a la ecografía sólo media hora tarde.

Vuelve a salir la enfermera y llama a Josefa, a la señora que tiene cita a las 12.15

¿¿Cómo??? ¡Pero si voy yo antes! Me lanzo hacia la puerta de la consulta que Josefa quiere cerrar tras de sí con rapidez, sabedora de que la están colando. Pero yo estoy dispuesta a entrar.

“Oiga”, digo a la enfermera delante del ecógrafo y de un pedazo de pibón rubio que debe ser un estudiante de medicina aprendiendo el oficio. Qué bien- pienso-. Encima con público.

-Oiga, que yo tengo cita a las 12.02 y esta señora a y cuarto.

-Pero es que esa señora estaba antes-me contesta.

-Pero vamos a ver…yo he llegado diez minutos antes de mi hora y ésto va con cita, ¿no? ¿o hay que pedir la vez?, como en la pescadería, pienso.

Detrás  de mi viene otra señora, la que no tiene hijos  pero si relaciones sexuales, afortunadamente para ella y para conocimiento de un montón de desconocidas.

-Y yo tengo cita a las  12.09-dice.

Pobre Josefa. Ha madrugado para ir al médico y ahora resulta que no va a conseguir colarse, no por la eficiente enfermera, no, sino porque unas señoras muy bordes entre las que me encuentro han decidido poner orden y reclamar sus derechos.

En fin. Consigo entrar. Como es tarde la enfermera me pide que no me quite la ropa, sino que me baje los pantalones y las braguitas a los tobillos y vaya andando estilo japonés a la camilla. Humillante, pienso. Es posible que sea una venganza de la enfermera, por protestona. Me da igual. Yo lo que quiero es irme ya así es que con los zapatos puestos, me bajo todo y me tumbo rápido en la camilla tratando de que el momentazo lo inmortalicen en sus pupilas durante el menor tiempo posible el ecógrafo, el pibón rubio, y yo misma.

El resto no tuvo mayor trascendencia. Una ecografía rutinaria. Me subo la ropa, me despido del gran público que he tenido, y salgo. Josefa sigue esperando su turno. El resto me mira con simpatía por haber reclamado a la enfermera organización y respeto, al menos, a los turnos de citación. Porque el resto sería más largo de explicárselo y es posible que no lo entendiera.

En este país habría que saber más no sólo de organización sino también de respeto  al paciente en su intimidad : en sus experiencias vitales y en sus desnudos. Que todos somos personas, señora. Ni nos apetece perder nuestro tiempo, ni contar nuestra vida, si tenemos o no hijos, si mantenemos o no relaciones sexuales, ni enseñar el culo andando japonés.

Y mañana vuelta al médico. En una demostración más de racionalidad, me han puesto la ecografía hoy y la consulta del ginecólogo, la que está tres metros más allá, mañana.Claro. ¿Por qué perder solo un día si podemos perder dos, hombre?

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About lamiradadepepa

Periodista, inquieta, inconformista, dispuesta a crecer , aprender y disfrutar hasta el final.
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One Response to Qué bonito es ir al médico, oye

  1. Juan Carlos dice:

    Buenísima experiencia de la que todos, en mayor o menor medida, hemos sido partícipes alguna vez. Me he despelotado (viene bastante a cuento) un buen rato.
    Besacos gordos

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